Mira al pasado
Me siento en un autobús. Me aburro, toqueteo el móvil buscando algo en que entretenerme. "Estoy perdiendo el tiempo" -pienso.
Voy a dormir. No lo necesito, hoy he descansado.
Mi hijo, de 14 días desde que vio la luz por primera vez, ha dormido 7 horas del tirón, y me ha despertado sólo 10 minutos antes que el despertador.
En el autobús, trato de entretenerme con el paisaje, pensando en la infancia en que cada paisaje era un descubrimiento, casi mágico. Hoy, puedo entender la disposición de las carreteras, los árboles y las plantas, puedo incluso intuir entre que montañas circulamos. Se cual será el siguiente pueblo, la siguiente parada. Definitivamente, no sirve.
Decido tratar de meditar. Me quito uno de los auriculares en los que escuchaba versiones acústicas de canciones famosas, y... una voz pega en el centro de la diana de mi memoria. Es una voz con una ligerísima ronquera, con un tono bajo, tranquilo, casi como el croar lejano de una rana.
Y ahí sí.
Mi vista pasa a mirar hacia adentro, y recuerdo con escrupulosa nitidez momentos de una semana de hace 5 años, en un lugar concreto, unas personas concretas, unas emociones concretas, unos pensamientos y sensaciones muy concretos.
Un vaivén de percepciones pasadas y presentes se presentan mutuamente, como si mi yo del pasado compartiera confidencias con mi yo del presente. Queda una sensación tranquilizadora, que fluye por mi interior, dejando una sensación embalsamada.
Hay una filosofía de "no mirar al pasado" con la que no voy a estar de acuerdo en la vida. En mi opinión, es una manera de justificar los errores que conscientemente vamos a cometer hoy para ignorar su existencia después en el rincón del agua pasada. Eso se estanca, y termina oliendo mal. Y no te engañes, ese olor te acompaña.
El pasado, ese conjunto de sucesos y actos de nuestra vida pasada, es un maestro de valor infinito, tanto, que por mucho poder o inteligencia que acumulemos hoy, jamás seremos capaces de alcanzar, modificar o influenciar. Mirá atrás tantas veces como necesites, pero no lo hagas para regocijarte en tus éxitos, hazlo para recordar que pudiste y puedes.
No, no lo hagas para revolcarte en tus miserias, hazlo para recordar que no merece la pena rendirse, que ya has pasado por eso, y no estás dispuesto a volver.
La filosofía del no mirar atrás justifica el no hacer nada hoy por mejorar, por luchar por lo que queremos, y con esa premisa, dejamos de vivir, para pasar a un estado de hieratismo, ni siquiera contemplativo, en el que todo nos resbala, y nada nos afecta. Para vivir así, es mejor no vivir.
Levánta el culo, asume tus errores con humildad y sigue luchando.
Comentarios
Publicar un comentario