Café descafeinado

 
He añadido una de mis canciones favoritas ahí a la derecha, tal vez una experiencia multisensorial os aburra un poco menos...



Hay tantas cosas que me impresionan... Sin embargo, cuanto más en profundidad conozco la mayoría, más dejan de llamar mi atención. Por último, hay un escueto tercer grupo, que cuanto más conozco, más me asombran. Y ahí, otra de mis eternas dudas.

Esas poquitas personas (uy, ¿he escrito yo eso?), son como las películas que terminan bien, pero sin el desazón que supone el final de la historia. Una nueva escena supone una nueva razón para impresionarte y bajar un poquito la guardia. Una nueva razón, para creer en algo un poquito más perfecto, algo que ocurre justo como lo imaginabas.


Me pregunto si no serán, objeto de una idealización autocomplaciente, como el que ve el rostro del salvador en el lado quemado de la tostada y tiene una revelación. Sabes que no es tan perfecto como debería, pero que narices, lo ves con buenos ojos. No quiero que parezca, que hablo de una idealización fanática, que adora y defiende a ultranza cualquier acto, aunque resulte claramente reprochable. Hablo de empatía, de entender, de compartir. Es como ver lo uno es, podría o querría ser. Y resulta que ahí está.

Uf, aire.


La verdad, a veces me gustaría ser un poco más iluso, más inconsciente, más autocomplaciente, menos crítico, menos racional y menos runrunrun mental. No puedo convencerme, por mucho que quiera, de que existen "cosas" especiales, por mucho que me guste la palabra. Habrá mil cosas que no entiendas, 10000 que se te escapen y un millón que jamás entenderás (estimaciones a la baja). Pero si aceptas que hay algo más, crees en la magia, una fuerza incontrolable, un dios o un destino, se acabó, tu esfuerzo carece de sentido. La lección mas difícil, dura, desgarradora y aplastante que he aprendido, es que sólo uno mismo es responsable de su vida. Puedes patalear todo lo que quieras, pero como ocurre con estas palabras en el monitor, solo las lees por que tú quieres, todo lo demás, son excusas. Atreverse a vivir la vida que realmente deseas vivir, no la que deberías, o "la mejor vida posible", no; la vida que tú y solo tú vives en tu mente cuando imaginas un futuro idílico, es hoy en día una de las labores más duras, confusas y desagradecidas que uno puede emprender en esta sociedad estructurada, de educación lineal, y de cultura prácticamente basada en su totalidad en prejuicios.

Arf, aire.

Varias de esas personas de las que hablo me ayudaron. Recuerdo...:


"Esas cosas que tanto duelen, [que te impiden avanzar, que te atenazan, te paralizan], no desaparecen, no dejan de doler,[eso sería perder la humanidad], [simplemente] aprendes a convivir con ellas, a ignorarlas; dejas de pelear, de darte cabezazos siempre contra la misma pared". 


"[...]Equivócate ¡no pasa nada!"



Creía que ignorar algo, era sinónimo de desconocerlo. Después asimilé que nada que desconoces puede afectarte. Sólo aquello en lo que estas profundamente inmerso, con la perdida de perspectiva que supone, puede hacerte daño. Si necesitas hacer algo, hazlo, asume las consecuencias, responsabilízate de tus actos, y hazlo. Después del subidón atenazante del miedo, solo queda una inquietante calma. Y piensas, no ha sido para tanto. Pasado el tiempo, no culpas a dios, no gritas mirando al cielo, no te escondes detrás de la ambigüedad ni del silencio. Solo disfrutas del sutil sabor de cada instante que eliges vivir, sin la manía que tan en concordancia con el tiempo que vivimos, busca explotar al máximo cada instante. 


La última frase, incluso a mí, me ha sonado un poco como a café descafeinado. A pesar de todo, uno se ha criado donde se ha criado.













 


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