Bip bip bip
-Bip Bip Bip...
Cuando un chiquitín se ve ingresado en un hospital, no es capaz de entender el porqué; quiere jugar pero le duele, quiere correr, pero está débil. Para ellos, no tiene sentido. Quien no lo entiende de verdad, son los adultos que a su lado, impotentes, se preguntan como es posible que algo así pueda suceder. Para nosotros, no es justo. Bip Bip Bip....
Hace ya tiempo, pasamos unas malas semanas con una rara enfermedad, la enfermedad de Kawasaki, que se da en niños y niñas pequeñas provocando vasculitis y que puede afectar al corazón. Además, se da un proceso inflamatorio que hace que moverse le resulte doloroso. Una mala combinación la de un niño y estar quieto, eso si que es antinatural. Bip Bip Bip....
Pero como siempre ocurre, esos locos bajitos nos dan una lección al echar a correr a la primera de cambio, con una sonrisa de oreja a oreja que inevitablemente nos contagian. Esa sonrisa que quien tiene la suerte de tener uno de estos pequeñines cerca, sabe, esa sonrisa que es como un empujón a salir de nuestra posición defensiva y disfrutar sin pensar tanto. No existe la enfermedad en el momento en que deja de molestar. Y punto. Bip Bip Bip....
No hay moraleja, no hay lección, solo un espíritu puro que quiere conocer. Todo lo demás, como dijo mi hermano, son detalles. Toma su medicación, que ella misma suele recordar, y tira millas, no hay quien la pare.
Hoy nos hemos juntado todos a comer para celebrar el cumpleaños de mi padre y el mio también (22 y 20 de septiembre). La pequeña Maia, la hermana pequeña de la ex-enfermita Enara, decidió llegar el 21 y ya estábamos copados de celebración. Nuestro corazón late al unísono mientras admitimos que ellas son la verdadera razón para celebrar cada día. Aquel trasto que tanto asustaba a Enara ya no es necesario para confirmar que todos estamos mejor que bien. Bip Bip Bip...

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