De la artificialidad en un mundo natural
Vivimos tiempos extraños. Realidades que parecen mentira acontecen a diario respaldadas por una palabrería que suena vacía. La superestructura creada por el hombre racional ha despojado del sentido natural a las normas que rigen el mundo y sus bienes. Hombres y mujeres sencillos se ven envueltos en situaciones que no alcanzan a entender en manos de hombres y mujeres que olvidaron lo que significaban las palabras bien y mal para entregarse al quiero y puedo.
Las nuevas generaciones estamos educadas para formar parte de esta estructura, somos parte de esta estructura, pero nadie nos enseño que dicha estructura se creo con el propósito de mejorar la existencia del hombre, que su única función era la propiciar un medio estable para la vida, para la sociedad, para, al fin y al cabo, un mundo mejor. No me siento con potestad de criticar ni de hacer apología de ningún sistema sociopolitico-económico, ni creo que ninguno de los conocidos o existentes sea mejor que el otro, pues siempre giran entorno a conceptos que los alejan de su esencia ultima que son las personas que lo forman. La codicia, la intolerancia, el abuso, la imposición, la avaricia y sobre todo el poder como medio en vez de como responsabilidad suprema deforman los ideales que un día reinaron en la mente de unos pocos soñadores, ideales que hoy palpitan en el corazón de todo hombre viviente consciente de que una existencia en conflicto es una existencia miserable, ideales que por unos pocos permanecen en la categoría de ideales en vez de en la de realidades.
Personalmente, la única manera en la que se me ocurre que esto puede cambiar, es no dándonos por vencidos en nuestro fuero interno, no dejándonos llevar por la suave marea de la costumbre y siendo conscientes de que otro modo es posible y que en los minúsculos gestos están los grandes cambios.
Comentarios
Publicar un comentario