El tren que no para

Dicen que a la ocasion la pintan calva... y sinceramente, no le veo el sentido por ninguna parte. ¿Tendrá algo que ver con aquello de no tener ni un pelo de tonto? Hmm... Creo que la orden supersecreta de calvos está trabajando duro.

Imaginamos una ocasión deslumbrante que por inesperada nos machaque en la cara y no quepa la duda y nos lacemos como locos a aprobecharla. "¡La vida cambia en un segundo!", "¡un giro de 180º!" (o el que en la hipérbole se calienta y dice 360º -nosense-). No sé.
 Si esperamos un cambio tan radical, una ruptura en el devenir de nuestro día a día que lo coja todo y diga, se acabó, ¿no será que vivimos una vida que nos gustaría cambiar? Es cierto, esos momentos existen, algo o alguien aparece y pum, todo cambia, y en cierto modo siempre estamos predispuestos a ciertos cambios porque eso es lo que esperabamos o mas bien, lo que necesitabamos. Unos pocos privilegiados tienen la suerte de que es esa calva la que va a buscarlos, los encuentra y cambia su vida en un instante, y son esas las historias que se cuentan y levantan suspiros de envidia y halos de recelo

Pero no nos engañemos, algo nos dice que algo falta en esas historias, una voz nos dice que no querríamos eso para nosotros, nos provoca cierto rechazo por ser, en cierto modo, inmerecido. Sea merecido la palabra correcta o no, en realidad poco importa, pues a pesar de que nos han convencido de que aprobechar una oportunidad es igual a subirse al primer tren que para frente a nosotros en la estación creo que en el fondo sabemos que somos nosotros los que llamamos al taxi que nos llevará exactamente a la ciudad, calle y portal al que queremos llegar esté lo lejos que este, pues al contrario que en la película, estaremos preparados para pagar el cheque que sea que extienda nuestra voluntad llegado el momento adecuado.

El tren pasa una vez por la estación, pero... No podemos pasar todo la vida esperando ¿no?

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